13:30 | Autor Iglesia Hogar
Obispos argentinos analizan su estrategia ante el “matrimonio” homosexual.

Concluye la reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal
BUENOS AIRES, jueves, 19 de agosto de 2010 (ZENIT.org).- La reunión de la Comisión Permanente de la Conferencia Episcopal Argentina, que preside el cardenal Jorge Mario Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, terminó este jueves, tras tres días de sesiones dominadas por el intercambio de opiniones sobre la estrategia seguida para oponerse a la ley de "matrimonio" entre personas del mismo sexo.

En la sede episcopal de Suipacha 1032, en el barrio porteño de Retiro, una veintena de obispos presidentes de comisiones episcopales y de las regiones pastorales analizaron cuestiones estatutarias, escucharon informes de diversas comisiones y avanzaron en la puesta en práctica de la Misión Continental en las diócesis del país, entre otras cuestiones inherentes al quehacer pastoral de la Iglesia.

Asimismo, prepararon el temario de la próxima reunión de la 100ª Asamblea Plenaria, por realizarse entre el lunes 8 y sábado 13 de noviembre en la casa de ejercicios El Cenáculo - La Montonera, de Pilar.

En este marco, el portavoz episcopal, presbítero Jorge Oesterheld, según informa la agencia AICA, transmitió la preocupación de la Iglesia por el impacto que la ley de "matrimonio" entre personas del mismo sexo tendrá en la educación de las futuras generaciones de los argentinos, ya que el Estado reconoce, a partir de la normativa, una nueva concepción de familia.
"La vigencia de la ley plantea renovados desafíos, como la forma de afrontar esta nueva realidad en la educación, particularmente en los colegios católicos, con los docentes y con los alumnos. Y también cómo manejar el tema en las propias familias católicas", indicó.

Informe de Comisiones Episcopales
La Comisión Episcopal de Ayuda a las Regiones Más Necesitadas, que preside monseñor Adolfo Uriona, obispo de Añatuya, anticipó los alcances que tendrá la colecta nacional Más por Menos, prevista para los días 11 y 12 de setiembre con el lema "Construyamos una historia sin excluidos".

A su turno, la Comisión Episcopal de Pastoral Social, que preside monseñor Jorge Casaretto, obispo de San Isidro, dio detalles de los preparativos para el Encuentro Nacional Repensando la Política que se realizará del 17 al 19 de septiembre en la ciudad de Río Cuarto, provincia de Córdoba, con el objetivo de realizar propuestas para recuperar la política como servicio a la vida, a la familia, a los más pobres y excluidos, a la sociedad, a la cultura y al desarrollo integral de "toda la persona y de todas las personas".

También presentó el Primer Congreso Nacional de la Doctrina Social de la Iglesia, que se realizará en la arquidiócesis de Rosario en 2011, cuyo objetivo será seguir promoviendo la prioridad del Bicentenario 2010-2016: erradicar la pobreza y generar el desarrollo integral.

La Comisión Episcopal de Catequesis y Pastoral Bíblica, cuyo responsable es monseñor Luis Eichhorn, obispo de Morón, informó sobre los preparativos para el III Congreso Catequístico Nacional (III CCN Morón 2012), con el lema "Anticipar la Aurora: construir la esperanza".
17:06 | Autor Iglesia Hogar

15 de Agosto

« Hoy María Virgen subió
a los cielos: alegraos
porque con Cristo reina
para siempre.
»


Es el grito de la Liturgia y de la fe cristiana, dos veces milenaria.

La que fue Madre de Dios e Inmaculada desde su Concepción, con convenía, no podía, sufrir la corrupción del sepulcro. Su santa dormición fue un deliquio místico de amor entrañable a su Dios, y enseguida un raudo vuelo de paloma a lo más encumbrado de los cielos, cortejada por los coros angélicos.

Desde su exaltado sitial queda entronizada como Reina de todos los Santos, con la correspondiente « omnipotencia suplicante». Subió hasta la diestra de su Hijo benditísimo para preceder en la gloria a sus hijos adoptivo, que son casi legión, que son casi infinitos. Por todos se interesa, como madre e intercesora, la « llena de gracia», la « más bendita de todas las mujeres».

Y el papa Pío XII, cediendo a su personal creencia y filial devoción y respondiendo también al unánime voto de toda la cristiandad, define Dogma de fe cristiana esa Asunción de María a los cielos en su cuerpo y alma, para gloria de tan excelsa Señora y esperanza de sus hijos militantes en la tierra.

El 1 de noviembre del Año Santo y Jubilar de 1950 presenció la acogedora plaza de San Pedro el acto más apoteósico que jamás pudo contemplarse en el mundo ante el medio millón personas de toda raza y país que a la voz del Sumo Pontífice Romano aclamaron a la Reina Asunta a los cielos e imploraron juntos su maternal protección sobre este mundo sufriente.

María Asunta a los cielos es la gloriosa Mujer del Apocalipsis; es la Hija del Rey, ricamente engalanada; es la triunfadora del Dragón infernal; la nueva Judit; la niña preferida de Dios, que le rinde por tantas gracias un Magnificat de gratitud. Y al ascender la Madre, provoca a volar a sus hijos de la tierra, que le piden resucitar con Cristo y compartir luego con la Madre su gloria en el empíreo.

Reina y Madre santísima, segura de tí misma, muéstrate solícita por los tuyos, que sufrimos continua lucha y continua tempestad. Tu fiesta culminará en ocho días con la celebración de tu fiesta con el título de Reina. Esto nos pone de manifiesto tu perfecta y total glorificación junto a tu Hijo, Rey y Señor de todo el universo.

Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno,

Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, ella, al aceptar tu Palabra, con limpio corazón, mereció concebirla en su seno virginal, y al dar a luz a su Hijo, preparó el nacimiento de la Iglesia.

Ella, al recibir junto a la cruz el testamento de su amor divino, tomó como hijos a todos los hombres, nacidos a la vida sobrenatural por la muerte de Cristo.

Ella, en la espera pentecostal del Espíritu, al unir sus oraciones a las de los discípulos, se convirtió en el modelo de la Iglesia suplicante.

Desde su asunción a los cielos, acompaña con amor materno a la Iglesia peregrina, y protege sus pasos hacia la patria celeste, hasta la venida gloriosa de Nuestro Señor Jesucristo.

22:21 | Autor Iglesia Hogar

El próximo 17 de agosto, en el año del Bicentenario de la Patria y conmemorando el 160° aniversario de la muerte del General Don José de San Martín llegará a la ciudad una imagen de la Virgen del Carmen de Cuyo - Patrona y Generala del Ejército de los Andes- que viene peregrinando desde Mendoza a Mar del Plata.

El significativo acto del 17 comenzará a las 9.30 con la recepción de la Virgen por autoridades civiles, militares y religiosas en la esquina de la Avenida Luro y Guido. La imagen será colocada en un carro tirado por caballos, que la trasladará hasta el monumento del General San Martín, ubicado en la Avenida Luro y Mitre donde se rendirán los honores correspondientes al padre de la Patria. Desde ese lugar, soldados del Regimiento de Granaderos la llevarán a hombro hasta la entrada de la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia, donde se cantará un solemne Tedéum, que será presidido por Monseñor Juan Alberto Puiggari, Obispo de Mar del Plata. A partir de ese momento quedará definitivamente entronizada en la Catedral para la veneración de todos los fieles.

La imagen viene realizando una extensa peregrinación que partió desde Mendoza, la cual se ha denominado “Peregrinación y Procesión Bicentenario Virgen del Carmen de Cuyo”. El vehículo en el que es transportada la Virgen ha recorrido Tunuyán, San Carlos, San Rafael y Malargüe y fue en General Alvear donde se despidió de la provincia. Ya en terreno bonaerense visitó las ciudades de Bolívar y todavía por estos días la aguardan en Tandil, donde en el Calvario se realizará una prolongada y significativa recepción. Finalmente la peregrinación culminará en nuestra ciudad, el día en que se conmemora el aniversario de la muerte del General San Martín, y el “broche de oro” será la entronización en la Catedral de los Santos Pedro y Cecilia.

Cómo surgió la idea

Si bien todo el acto es organizado por el Instituto Nacional Sanmartiniano, la Asociación Cultural Sanmartiniana “Combate de San Lorenzo” de Mar del Plata y el Obispado local; la idea de traer la figura de la Virgen a la ciudad surgió del mendocino Víctor Marchesini, oriundo de Tunuyán, radicado hace 38 años en Mar del Plata quien fue, durante más de dos décadas, presidente de los cuyanos residentes de la ciudad. Él fue a su vez quien encargó al escultor mendocino Humberto Cappella, fuera el artífice de esta bellísima imagen que se emplazará en la Catedral.

Marchesini, actualmente presidente de la Asociación Cultural Sanmartiniana Combate de San Lorenzo, quiso que el templo mayor de Mar del Plata tuviera la imagen de la Virgen, cuya protección requirió San Martín antes de iniciar la campaña libertadora, en enero de 1817. Para lograr esta iniciativa el mendocino contó con el apoyo de autoridades civiles y militares y también de la Iglesia, representada por el Obispo de Mendoza, José María Arancibia y por el de Mar del Plata, Monseñor Juan Alberto Puiggari.

“La representación está hecha a semejanza de la auténtica Virgen, emplazada en la basílica de San Francisco, Mendoza; tiene 1,40 m de alto con corona, y se eleva a 1,80 m con el anda procesional. La vestimenta se completa con una copia de la capa que se usó en la coronación pontifica, con los cuatro escudos bordados: el nacional argentino, el peruano, el chileno y de la provincia de Mendoza. Además lleva la banda de generala del Ejército, en la mano izquierda sostiene el Niño Jesús y en la derecha, el bastón de mando, que le impuso San Martín antes de iniciar el cruce de la cordillera de los Andes, también está cruzada por la enseña patria”, se explicaba en una nota realizada en el Diario Los Andes de Mendoza.

Oficina de Prensa Obispado de Mar del Plata
Pasaje Catedral 1750 PB
16:20 | Autor Iglesia Hogar
Santa Clara,fue proclamada por Pío XII, el 14 de febrero de 1958, pues la primera discípula de san Francisco, en la noche de Navidad de 1252, tuvo la gracia de poder ver desde su celda la celebración que tenía lugar en la iglesia.

«Una experiencia de televisión mística», la definió el cardenal Bertone, durante la misa, según ha referido «Radio Vaticano». «Santa Clara no es sólo la patrona de la televisión, sino que también nos puede enseñar la relación adecuada con el medio televisivo».

Citando a Benedicto XVI, el cardenal alertó ante los riesgos de la manipulación de la realidad, de la dependencia de los intereses dominantes, de la búsqueda de la audiencia a todo coste.

«La comunicación de masa tiende a imponer un modelo cultural uniforme, basado en la lógica del consumismo y del relativismo»¸ añadió.

«El ejemplo de santa Clara, por el contrario --concluyó el cardenal--, nos ayuda a redescubrir la dignidad de la persona y valores como la familia, la vida, la educación de los jóvenes».

Saludamos en este día a todos los trabajadores de la Televisión de Balcarce y de nuestro País.

Muchas Felicidades y que Dios los Bendiga!!!
10:16 | Autor Iglesia Hogar
Una carta del Padre Martín Lasarte, salesiano, desde Angola , África.

Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.
No pretendo hacer una apología ni de la Iglesia ni de los sacerdotes.
El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico.
Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos.
Soy un simple sacerdote católico uruguayo que hace 20 años vivo en Angola. Me siento feliz y orgulloso de mi vocación.

Me da un gran dolor por el profundo mal que sacerdotes que deberían de ser señales del amor de Dios, sean un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos.

Veo en muchos medios de información, la ampliación del tema en forma morbosa, investigando en detalles la vida de algún sacerdote pedófilo. Así aparece uno de una ciudad de USA, de la década del 70, otro en Australia de los años 80 y así de frente, otros casos más recientes…

¡Es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consumen por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo!

Pienso que a los medios de información no les interesa que yo haya tenido que transportar por caminos minados en el año 2002, a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena ( Angola ), pues ni el gobierno se disponía y las ONG’s no estaban autorizadas.

No ha sido noticia que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y los que han retornado; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 km2, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...No es de interés que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban los alimentos del Gobierno y la ONU.

No es noticia que un sacerdote de 75 años, el P. Roberto, por las noches recorra la ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que se desintoxiquen de la gasolina; que alfabeticen cientos de presos; que otros sacerdotes, como P. Stefano, tengan hogares transitorios para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violados y buscan un refugio.

Tampoco que Fray Maiato con sus 80 años, pase casa por casa confortando los enfermos y desesperados.

No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, y religiosos hayan dejado su tierra y su familia para servir a sus hermanos en una leprosería, en hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con Sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a cero positivos… o en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar.

No es noticia que mi amigo, el P. Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, lo hayan transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un asalto en la calle; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires, a causa de una mina, visitando a su gente.

En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región… Ninguno pasa los 40 años.

No es noticia acompañar la vida de un Sacerdote “normal” en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve.

La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua.

Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece.
No pretendo hacer una apología ni de la Iglesia ni de los sacerdotes.
El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico.
Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos.

P. Martín Lasarte, salesiano, en Angola, África.
10:27 | Autor Iglesia Hogar

Hoy se celebra el Día de todos los Sacerdotes en memoria a San Juan Maria Vianney, mas conocido como "El Cura de Ars", quien fuera proclamado "Patrono de todos los Sacerdotes del Mundo" por el Papa Benedicto XVI el 19 de junio de 2009. Su cuerpo se conserva INCORRUPTO en la Basílica de Ars. Su fiesta se celebra el 4 de agosto. Nació en Dardilly, en las cercanías de Lyon (Francia), el 8 de mayo de 1786. Tras una infancia normal, a los diecisiete años Juan María concibe el gran deseo de llegar a ser sacerdote. Su padre, aunque buen cristiano, pone algunos obstáculos, que por fin son vencidos. El joven inicia sus estudios en el seminario, dejando las tareas del campo a las que hasta entonces se había dedicado.

Juan María continúa sus estudios sacerdotales en Verrières primero y después en el seminario mayor de Lyón. Todos sus superiores reconocen la admirable conducta del seminarista, pero..., falto de los necesarios conocimientos del latín, no saca ningún provecho de los estudios y, por fin, es despedido del seminario. Intenta entrar en los hermanos de las Escuelas Cristianas, sin lograrlo. La cosa parecía ya no tener solución ninguna cuando, de nuevo, se cruza en su camino un cura excepcional: el padre Balley, que había dirigido sus primeros estudios. Él se presta a continuar preparándole, y consigue del vicario general, después de un par de años de estudios, su admisión a las órdenes. Por fin, el 13 de agosto de 1815, el obispo de Grenoble, monseñor Simón, le ordenaba sacerdote, a los 29 años. Sin embargo, el Santo Cura se sentía feliz al lograr lo que durante tantos años anheló, y a fuerza de tantas privaciones, esfuerzos y humillaciones, había tenido que conseguir: el sacerdocio.

Durante tres años, de 1815 a 1818, continuará aprendiendo la teología junto al padre Balley, en Ecully, con la consideración de coadjutor suyo. Muerto el padre Balley, y terminados sus estudios, el arzobispado de Lyón le encarga la pastoral de un minúsculo pueblecillo, a treinta y cinco kilómetros al norte de la capital, llamado Ars.

El 9 de febrero de 1818, San Juan María llegó a Ars. pueblecillo del que prácticamente no volverá a salir jamás.

Podemos distinguir en la actividad parroquial de San Juan María dos aspectos fundamentales, que en cierta manera corresponden también a dos fases de su vida.

Mientras no se inició la gran peregrinación a Ars, el cura pudo vivir enteramente consagrado a sus feligreses. Y así le vemos visitándoles casa por casa; atendiendo paternalmente a los niños y a los enfermos; empleando gran cantidad de dinero en la ampliación y embellecimiento de la iglesia; ayudando fraternalmente a sus compañeros de los pueblos vecinos. Es cierto que todo esto va acompañado de una vida de asombrosas penitencias, de intensísima oración, de caridad, en algunas ocasiones llevada hasta el extremo para con los pobres. Pero San Juan María no excede en esta primera parte de su vida del marco corriente en las actividades de un cura rural.


Ya hemos dicho que el Santo solía ayudar, con fraternal caridad, a sus compañeros en las misiones parroquiales que se organizaban en los pueblos de los alrededores. En todos ellos dejaba el Santo un gran renombre por su oración, su penitencia y su ejemplaridad. Era lógico que aquellos buenos campesinos recurrieran luego a él, al presentarse dificultades, o simplemente para confesarse y volver a recibir los buenos consejos que de sus labios habían escuchado. Éste fue el comienzo de la célebre peregrinación de feligreses a Ars. Lo que al principio sólo era un fenómeno local, circunscrito casi a las diócesis de Lyon y Belley, luego fue tomando un vuelo cada vez mayor, de tal manera que llegó a hacerse célebre el cura de Ars en toda Francia y aún en Europa entera. De todas partes empezaron a afluir peregrinos, se editaron libros para servir de guía, y es conocido el hecho de que en la estación de Lyón se llegó a establecer una taquilla especial para despachar billetes de ida y vuelta a Ars. Aquel pobre sacerdote, que trabajosamente había hecho sus estudios, y a quien la autoridad diocesana había relegado en uno de los pueblos más pequeños y menos devotos de la diócesis, iba a convertirse en consejero buscadísimo por millares y millares de almas. Y entre ellas se contarían gentes de toda condición, desde prelados insignes e intelectuales famosos, hasta humildísimos enfermos y pobres gentes atribuladas que irían a buscar en él algún consuelo.

Aquella afluencia de gentes iba a alterar por completo su vida. Día llegará en que el Santo Cura desconocerá su propio pueblo, encerrado como se pasará el día entre las míseras tablas de su confesonario. Entonces se producirá el milagro más impresionante de toda su vida: el simple hecho de que pudiera subsistir con aquel género de vida.

Porque aquel hombre, por el que van pasando ya los años, sostendrá como habitual la siguiente distribución de tiempo: levantarse a la una de la madrugada e ir a la iglesia a hacer oración. Antes de la aurora, se inician las confesiones de las mujeres. A las seis de la madrugada en verano y a las siete en invierno, celebración de la misa y acción de gracias. Después queda un rato a disposición de los peregrinos. A eso de las diez, reza una parte de su breviario y vuelve al confesonario. Sale de él a las once para hacer la célebre explicación del catecismo, predicación sencillísima, pero llena de una unción tan penetrante que produce abundantes conversiones. Al mediodía, toma su frugalísima comida, con frecuencia de pie, y sin dejar de atender a las personas que solicitan algo de él. Al ir y al venir a la casa parroquial, pasa por entre la multitud, y ocasiones hay en que aquellos metros tardan media hora en ser recorridos. Dichas las vísperas y completas, vuelve al confesonario hasta la noche. Rezadas las oraciones de la tarde, se retira para terminar el Breviario. Y después toma unas breves horas de descanso sobre el duro lecho. Sólo un prodigio sobrenatural podía permitir al Santo subsistir físicamente, mal alimentado, escaso de sueño, privado del aire y del sol, sometido a una tarea tan agotadora como es la del confesonario.

Por si fuera poco, sus penitencias eran extraordinarias, y así podían verlo con admiración y en ocasiones con espanto quienes le cuidaban. Los años y las enfermedades le impedían dormir con suficiente tranquilidad.

Dios bendecía manifiestamente su actividad. El que a duras penas había hecho sus estudios, se desenvolvía con maravillosa firmeza en el púlpito, sin tiempo para prepararse, y resolvía delicadísimos problemas de conciencia en el confesionario. Es más: después de su muerte, hubo testimonios, abundantes hasta lo increíble, de su don de discernimiento de conciencias. A una prsona le recordó un pecado olvidado, a otra le manifestó claramente su vocación, a otra le abrió los ojos sobre los peligros en que se encontraba, a otras personas que traían entre manos obras de mucha importancia para la Iglesia de Dios les descorrió el velo del porvenir... Con sencillez, casi como si se tratara de corazonadas o de ocurrencias, el Santo mostraba estar en íntimo contacto con Dios Nuestro Señor y ser iluminado con frecuencia por Él.

No imaginemos, sin embargo, al Santo como un ser completamente desligado de toda humanidad. Antes al contrario. Conservamos el testimonio de personas, pertenecientes a las más elevadas esferas de aquella puntillosa sociedad francesa del siglo XIX, que marcharon de Ars admiradas de su cortesía y gentileza. Ni es esto sólo. Mil anécdotas nos conservan el recuerdo de su agudo sentido del humor. Sabía resolver con gracia las situaciones en que le colocaban a veces sus entusiastas. Así, cuando el señor obispo le nombró canónigo, su coadjutor le insistía un día en que, según la costumbre francesa, usara su muceta. «¡Ah, amigo mío! -respondió sonriente-, soy más listo de lo que se imaginaban. Esperaban burlarse de mí, al verla sobre mis hombros, y yo les he cazado». «Sin embargo, ya ve, hasta ahora es usted el único a quien el señor obispo ha dado ese nombramiento». «Natural. Ha tenido tan poca fortuna la primera vez, que no ha querido volver a tentar suerte».

Pero donde más brilló su profundo sentido humano fue en la fundación de «La Providencia», aquella casita que, sin plan determinado alguno, en brazos exclusivamente de la caridad, fundó el señor cura para acoger a las pobres huerfanitas de los contornos. Entre los documentos humanos más conmovedores, por su propia sencillez y cariño, se contarán siempre las Memorias que Catalina Lassagne escribió sobre el Santo Cura. A ella le puso al frente de la obra y allí estuvo hasta que, quien tenía autoridad para ello, determinó que las cosas se hicieran de otra manera. Pero la misma reacción del Santo mostró entonces hasta qué punto convivían en él, junto a un profundo sentido de obediencia rendida, un no menor sentido de humanísima ternura. Por lo demás, si alguna vez en el mundo se ha contado un milagro con sencillez, fue cuando Catalina narró lo que un día en que faltaba harina le ocurrió a ella. Consultó al señor cura e hizo que su compañera se pusiera a amasar, con la más candorosa simplicidad, lo poquito que quedaba y que ciertamente no alcanzaría para cuatro panes. «Mientras ella amasaba, la pasta se iba espesando. Ella añadía agua. Por fin estuvo llena la amasadera, y ella hizo una hornada de diez grandes panes de 20 a 22 libras». Lo bueno es que, cuando acuden emocionadas las dos mujeres al señor cura, éste se limita a exclamar: «El buen Dios es muy bueno. Cuida de sus pobres».

El viernes 29 de julio de 1859 se sintió indispuesto. Pero bajó, como siempre, a la iglesia a la una de la madrugada. Sin embargo, no pudo resistir toda la mañana en el confesonario y hubo de salir a tomar un poquito de aire. Antes del catecismo de las once pidió un poco de vino, sorbió unas gotas derramadas en la palma de su mano y subió al púlpito. No se le entendía, pero era igual. Sus ojos bañados de lágrimas, volviéndose hacia el sagrario, lo decían todo. Continuó confesando, pero ya a la noche se vio que estaba herido de muerte. Descansó mal y pidió ayuda. «El médico nada podrá hacer. Llamad al señor cura de Jassans».

Ahora ya se dejaba cuidar como un niño. No rechistó cuando pusieron un colchón a su dura cama. Obedeció al médico. Y se produjo un hecho conmovedor. Éste había dicho que había alguna esperanza si disminuyera un poco el calor. Y en aquel tórrido día de agosto, los vecinos de Ars, no sabiendo qué hacer por conservar a su cura queridísimo, subieron al tejado y tendieron sábanas que durante todo el día mantuvieron húmedas. No era para menos. El pueblo entero veía, bañado en lágrimas, que su cura se les marchaba ya. El mismo obispo de la Diócesis vino a compartir su dolor. Tras una emocionante despedida de su buen padre y pastor, el Santo Cura ya no pensó más que en morir. Y en efecto, con paz celestial, el jueves 4 de agosto, a las dos de la madrugada, mientras su joven coadjutor rezaba las hermosas palabras «que los santos ángeles de Dios te salgan al encuentro y te introduzcan en la celestial Jerusalén», suavemente, sin agonía, «como obrero que ha terminado bien su jornada», el Cura de Ars entregó su alma a Dios.

Así se ha realizado lo que él decía en una memorable catequesis matinal: «¡Dios mío, cómo me pesa el tiempo con los pecadores! ¿Cuándo estaré con los santos? Entonces diremos al buen Dios: Dios mío, te veo y te tengo, ya no te escaparás de mí jamás, jamás».

Rezemos en este dia por todos nuestros Sacerdotes y por servicio al Pueblo de Dios.

Que nuestro Padre Celestial los Bendiga!!!
8:03 | Autor Iglesia Hogar
En el día de Mañana, Miercoles 4 de Agosto, día del Santo Cura de Ars, sera operado de un cálculo en uno de sus riñones, el Padre Eduardo Torres.


Desde hace varios años, el Padre Eduardo es el Cura Parroco de la ciudad de Coronel Vidal, pero fué Presbitero durante muchos años en nuestra ciudad. Cuenta con muchos amigos en este medio, los que aha cosechado a lo largo de su ministerio.


Rogamos a toda la comunidad Católica, rezar por su salud.