15:56 | Autor Iglesia Hogar


Buenos Aires, 4 Noviembre de 2010

El Santo Padre Benedicto XVI aceptó la renuncia, presentada por límite de edad, del arzobispo de Paraná, monseñor Mario Luis Bautista Maulión, y designó en su reemplazo y lo promovió a arzobispo a monseñor Juan Alberto Puiggari, de 60 años, actualmente obispo de Mar del Plata.

La información fue comunicada esta mañana por el nuncio apostólico, monseñor Adriano Bernardini, a través de la agencia AICA, a la misma hora en que se publicaba en Roma mediante “L’Osservatore Romano. Hasta el día en que el nuevo arzobispo asuma el gobierno pastoral de Paraná, cuya fecha aún no está fijada, monseñor Maulión permanecerá como Administrador Apostólico de esta sede arquidiocesana.

Datos biográficos de Mons. Juan Alberto Puiggari

Nació en la ciudad de Buenos Aires el 21 de noviembre de 1949, hijo del abogado Juan Alberto Puiggari y de la señora Élida Etcheverry Boneo.

Realizó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San Pablo, de Buenos Aires, de donde egresó como bachiller en 1967 figurando entre los alumnos más distinguidos.

Recibió formación en Buenos Aires del presbítero Luis María Etcheverry Boneo, su tío -hoy en proceso de beatificación- y estuvo apostólicamente vinculado a la Asociación Argentina de Cultura, Obra fundada y animada por el padre Etcheverry Boneo, especialmente en el Colegio San Pablo y la Agrupación Universitaria Misión.

Después de finalizar estudios universitarios en la Facultad de Filosofía de la Universidad Católica Argentina Santa María de los Buenos Aires (UCA) de la que egresó con el título de Licenciado, y tras realizar estudios teológicos en el Seminario Arquidiocesano de Paraná, fue ordenado sacerdote el 13 de noviembre de 1976 en la catedral de Paraná, por monseñor Adolfo Servando Tortolo, arzobispo de Paraná.Su ministerio pastoral estuvo siempre vinculado al Seminario Arquidiocesano de Paraná, cuyo equipo de Superiores integró desde 1977. Fue profesor de asignaturas filosóficas en el Seminario Menor y el Seminario Mayor, y rector del Instituto Secundario del Seminario, incorporado a la enseñanza oficial. Se desempeñó como rector del seminario desde 1992.

Elegido obispo titular de Turuzi y auxiliar de Paraná el 20 de febrero de 1998 por Juan Pablo II, fue ordenado obispo el 8 de mayo de 1998, en la catedral de Paraná, por monseñor Estanislao Esteban Karlic, arzobispo de Paraná, y por los obispos monseñor Luis Guillermo Eichhorn, de Gualeguaychú, y monseñor Mario Antonio Cargnello, de Orán, como obispos co-consagrantes.

El 7 de junio de 2003 Juan Pablo II lo trasladó como obispo de Mar del Plata, sede de la que tomó posesión e inició su ministerio pastoral el 10 de agosto de 2003.

En la Conferencia Episcopal Argentina es miembro de la Comisión de Ecumenismo, relaciones con el judaísmo, el islam y las religiones (CEERJIR).

La arquidiócesis de Paraná

Fue creada como diócesis el 13 de junio de 1859 por el beato Pío IX y elevada a arquidiócesis el 20 de abril de 1934 por Pío XI. La sede episcopal está en la ciudad de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos, y capital de la Argentina de 1853 a 1863. La circunscripción arquidiocesana comprende en la provincia de Entre Ríos los departamentos de Diamante, Feliciano, La Paz, Nogoyá, Paraná y Villaguay. Y los distritos Achiras, Banderas y Sauce de Luna del departamento Federal con una superficie total de 28.426 kilómetros cuadrados y una población de unos 570.000 habitantes, de los cuales se estima que el 90% son católicos.

Según la Guía Eclesiástica Argentina la arquidiócesis paranaense cuenta con 52 parroquias, 130 sacerdotes (119 diocesanos y 11 religiosos), 10 religiosos no sacerdotes, 44 seminaristas mayores, 189 religiosas, y 82 centros educativos.

Monseñor Puiggari será el quinto arzobispo (y décimo diocesano) de Paraná.

Fuente: AICA
11:13 | Autor Iglesia Hogar
BIENVENIDOS!!!!!!!!!!!!!


Con mucha alegría, hoy le damos la bienvenida a una nueva Sección en nuestro querido Portal.

Cáritas Balcarce cuenta con su propio espacio para difundir todas las actividades - que son muchas y variadas - que desarrollan, donde nos informarán sobre el trabajo de asistencia, acompañamiento y Pastoral que estan llevando a cabo.

Rogamos a nuestro Señor para que se sigan sumando voluntarios, ya que la cosecha es abundante y los trabajadores siempre son pocos!!!
12:57 | Autor Iglesia Hogar

No llores si me amas.

¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo! ¡Si pudieras oír el cántico de los Ángeles y verme en medio de ellos!

¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos eternos y los nuevos senderos que atravieso!

¡Si por un instante pudieras contemplar, como yo, la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen!

¡Cómo! ¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?

Creedme: cuando la muerte venga a romper las ligaduras, como ha roto las que a mí me encadenaban, y cuando un día, que Dios ha fijado y conoce, tu alma venga a este Cielo en que te ha precedido la mía, ese día volverás a ver a aquella que te amaba y que siempre te ama, y encontrarás tu corazón con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme, pero transfigurado, extático y feliz, no ya esperando la muerte, sino avanzando contigo, que me llevarás de la mano por los senderos nuevos de la luz y de la vida, bebiendo con embriaguez a los pies de Dios un néctar del cual nadie se saciará jamás.

Enjuga tu llanto y no llores si me amas.

13:52 | Autor Iglesia Hogar

Si la Iglesia desea vivamente que sus hijos tengan afecto a esta práctica es, sin duda, por ser muy del agrado de la Reina del cielo. Y a nosotros nos debe bastar con saber que nuestra Madre gusta de oír el suave murmullo de esta plegaria: esto es todo.

León XIII ha publicado quince encíclicas sobre el rosario, para que nadie alegue ignorancia sobre el lugar preeminente que la Iglesia reserva a esta oración.

El Santo Papa Pío X decía: "Dadme un ejército que rece el rosario y lograré con él conquistar el mundo".

La Iglesia se ofrece a ser este ejército aguerrido: el rosario será su espada de combate.

Y el mismo Papa ha dejado estampadas estas líneas "De todas las oraciones, el rosario es la más bella y la más rica en gracias, aquella que agrada más a la Santísima Virgen María. Amad, pues, el rosario y recitadlo con espíritu de piedad todos los días; es el testamento que os dejo a fin de que os acordéis de mí".

Estas palabras son, indudablemente, el eco de una larga experiencia dulcemente vivida.

He aquí lo que oculta el rosario y que descubre el que penetra en su realidad íntima, y percibe la unidad que encierran estas alabanzas ensartadas, y advierte el hilo que liga los anillos de esta cadena.

Para ello, basta comprender que esta oración es más oración de María que oración nuestra: aquí está la clave de su poder y de su encanto sobre el corazón de Dios. Mientras nuestros dedos desgranan las cuentas del rosario, pronunciando devotamente las Avemarías, la Virgen Santa las transforma en un canto inefable que sólo el paraíso es digno de escuchar. Se opera un cambio parecido al que tiene lugar en nuestros instrumentos musicales. Sobre el disco del gramófono se posa la sutil aguja de acero e inmediatamente comienza el girar monótono de la placa. Un espectador sordo no oirá nada y no se explicará el por qué de juego tan estéril y aburrido. Pero el espectador normal comenzará a escuchar una voz sonora, emitida de un modo misterioso por la pequeña aguja que gira incansablemente. Bien presto se elevará una melodía grandiosa y bella, que deleita y entusiasma.

He aquí una pálida imagen de la situación que ha lugar en el rezo del santo rosario, cuando elevo esta plegaria en unión con María. Desde que me hallo unido a Ella, como la punta de la aguja sobre el disco, por un acto de íntima adhesión y al mismo tiempo voy desgranando las cuentas del rosario, María se apropia el movimiento de mi oración y es Ella quien en mi lugar canta ante Dios el alleluia de su dicha, el fiat de su dolor, el amén de su gloria. Y he aquí que todo el cielo está como a la escucha de María que ofrenda a Dios los sentimientos de su corazón inmaculado. Este canto es una comunión continua con el divino Espíritu, que obra en Jesús y en Ella al mismo tiempo los misterios que el rosario conmemora. Porque

El rosario comienza por el mensaje del ángel que invita a María a entregarse sin demora a la operación del Divino Espíritu. Es la magnífica obertura de la más grandiosa e incomparable historia de los siglos.

Al desarrollarse esta historia, admiramos en cada una de las etapas de la existencia de la Santísima Virgen el soberano ímpetu que la impele a cumplir los santos y divinos designios, según el Espíritu se los va manifestando entre transportes de gozo, desgarros de dolor y fulgores de gloria. Nos parece percibir el delicado y entusiasta crescendo del ímpetu santo del alma de María. María se va uniendo más y más al misterio de amor que revelan las operaciones de Dios en Ella, operaciones que se van realizando ya entre espesas tinieblas, ya entre luces de alborada, tanto en la muerte dolorosa como en la resurrección triunfante. María sabe que Dios es amor: esta certeza le basta. Nunca hubo abandono tan perfecto en el divino beneplácito. Los clavos y la sangre, la corona de espinas y la cruz o el Calvario, todo es para María comunión con el Espíritu Santo. Ella coopera con su divino Espíritu a la inmolación del Hijo y su fidelidad persevera más allá del sepulcro. Es precisamente esta fidelidad la que será coronada en la hora solemne de su entrada triunfal en la gloria la mañana de su Asunción a los cielos.

Mientras van pasando las "Ave" del rosario, al correr monótono de cada uno de los misterios, María que nos está escuchando, obtiene para nosotros la gracia de entrar en esta comunión con el Espíritu Divino. María nos toma como por la mano y nos lleva a Él.

De esta suerte el rosario viene a ser como el Cantar de los Cantares del Espíritu Santo y de María, y por este motivo es para nosotros el mejor medio de reavivar continuamente y de profundizar nuestra devoción hacia el divino Espíritu. Las riquezas ocultas de esta plegaria han inspirado a Georges Goyau este elogio que parecerá exagerado tan sólo a quienes cometan la ligereza de no penetrar hasta el corazón de la misma:
"Esta oración, que parece verbal, es la más espiritual de todas.
Esta oración, que parece esclava, es la más libre de todas.
Esta oración, que parece rudimentaria, es la más contemplativa de todas" (37).

El enigma se le aclara a quien conoce el encanto que tiene el rosario para el corazón de María. ¿No es, en efecto, cada "Ave" un beso casto y amoroso que se da a María, una rosa encarnada que se le presenta, una copa de ambrosía y de néctar que se le ofrenda?"

Fuente: LEON JOSE SUENENS


17:45 | Autor Iglesia Hogar

¿Por qué nos santiguamos? Autor: Padre Oscar Pezzarini Fuente: www.feliceslosninos.org

Realizar el gesto de la señal de la cruz no es suficiente si no va acompañado de otros gestos que tienen que ver con nuestra condición de creyentes .Es común ver a mucha gente realizar lo que llamamos “santiguarse”, es decir hacer la señal de la cruz, que es la señal del cristiano, es decir de aquel que cree en Jesús y en lo que Él nos ha revelado.Esta señal la hacemos cada vez que comenzamos una Oración, quizás al comienzo y al final del día, pero también vemos que muchos la realizan ante determinados momentos importantes que están por vivir, o antes de comenzar alguna actividad.
Ahora, pregunto: ¿Saben realmente lo que están haciendo, saben lo que significa?

El realizar esta acción no es otra cosa que invocar a Dios en su realidad, tal como nos la ha revelado Jesús y que además constituye el gran “misterio de nuestra fe” y lo que nos identifica.

¿Al realizar la señal de la cruz, sabemos y somos conscientes de que con este signo de la cruz sobre nuestro cuerpo, manifestamos nuestra fe en la obra redentora de Jesús?

¿Al realizar la señal de la cruz, sabemos que este acto de fe en la Santísima Trinidad nos compromete no sólo a creer en ella, sino a tratar de vivir de acuerdo con su voluntad?

¿Todos los que realizamos la señal de la cruz sobre nuestra persona, estamos de acuerdo en el compromiso que significa el creer en Dios y en su realidad más íntima y profunda, y que por lo tanto eso nos compromete de una manera especial en nuestra vida?

La señal de la cruz es la señal del cristiano, por lo tanto, al hacerla estamos identificándonos con Cristo, con su vida, sus palabras y sus enseñanzas, y debemos tratar de vivir de acuerdo con ello. ¿Somos conscientes de eso?

Me pregunto si muchas veces quienes nos proclamamos cristianos no estamos realizando gestos (como el de la señal de la cruz) por una simple costumbre, a veces con una gran mezcla de “superstición”, quizás creyendo que la “protección” del Señor es casi como algo “mágico” que nos vendrá sólo por un simple gesto que podamos realizar, y nos olvidamos que nuestro seguimiento de Jesús implica un compromiso de toda nuestra vida y que por lo tanto nuestros actos deben reflejar esa fe que tenemos siguiendo el camino que Él nos ha señalado.

El realizar el gesto de la señal de la cruz, sin dudas que no es suficiente si no va acompañado de otros gestos que tiene que ver con nuestra condición de creyentes. Gestos de acercamiento al que sufre, gestos de amor con quien está necesitado, gestos que signifique respeto a la vida de los demás, ya que Jesús nos enseñó que para ser sus discípulos y que así los demás puedan identificarnos como seguidores suyos, debemos “amarnos los unos a los otros”, y no quedarnos “simplemente tranquilos” porque realizamos determinados gestos, pero que sin el compromiso con los demás, quedarán vacíos.
Padre Oscar PezzariniSuperior Provincial de la Obra Don Orione en Argentina, Paraguay, Uruguay y México
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16:33 | Autor Iglesia Hogar
Conózcate a ti, Conocedor mío, conózcate a ti como tú me conoces. Fuerza de mi alma, entra en ella y ajústala a ti, para que la tengas y poseas sin mancha ni arruga.

Ésta es mi esperanza, por eso hablo; y en esta esperanza me gozo cuando rectamente me gozo. Las demás cosas de esta vida tanto menos se han de llorar cuanto más se las llora, y tanto más se han de deplorar cuanto menos se las deplora. He aquí que amaste la verdad, porque el que realiza la verdad se acerca a la luz. Yo quiero obrar según ella, delante de ti por esta mi confesión, y delante de muchos testigos por éste mi escrito.

Y ciertamente, Señor, a cuyos ojos está siempre desnudo el abismo de la conciencia humana, ¿qué podría haber oculto en mí, aunque yo no te lo quisiera confesar? Lo que haría sería esconderte a ti de mí, no a mí de ti. Pero ahora, que mi gemido es un testimonio de que tengo desagrado de mí, tú brillas y me llenas de contento, y eres amado y deseado por mí, hasta el punto de llegar a avergonzarme y desecharme a mí mismo y de elegirte sólo a ti, de manera que en adelante no podré ya complacerme si no es en ti, ni podré serte grato si no es por ti.

Comoquiera, pues, que yo sea, Señor, manifiesto estoy ante ti. También he dicho ya el fruto que produce en mí esta confesión, porque no la hago con palabras y voces de carne, sino con palabras del alma y clamor de la mente, que son las que tus oídos conocen. Porque, cuando soy malo, confesarte a ti no es otra cosa que tomar disgusto de mí; y, cuando soy bueno, confesarte a ti no es otra cosa que no atribuirme eso a mí, porque tú, Señor, bendices al justo; pero antes de ello haces justo al impío. Así, pues, mi confesión en tu presencia, Dios mío, es a la vez callada y clamorosa: callada en cuanto que se hace sin ruido de palabras, pero clamorosa en cuanto al clamor con que clama el afecto.

Tú eres, Señor, el que me juzgas; porque, aunque ninguno de los hombres conoce lo íntimo del hombre, sino el espíritu del hombre, que está dentro de él, con todo, hay algo en el hombre que ignora aun el mismo espíritu que habita dentro de él; pero tú, Señor, conoces todas sus cosas, porque tú lo has hecho. También yo, aunque en tu presencia me desprecie y me tenga por tierra y ceniza, sé algo de ti que ignoro de mí.

Ciertamente ahora te vemos confusamente en un espejo, aún no cara a cara; y así, mientras peregrino fuera de ti, me siento más presente a mí mismo que a ti; y sé que no puedo de ningún modo violar el misterio que te envuelve; en cambio, ignoro a qué tentaciones podré yo resistir y a cuáles no podré, estando solamente mi esperanza en que eres fiel y no permitirás que seamos tentados más de lo que podamos soportar, antes con la tentación das también el éxito, para que podamos resistir.

Confiese, pues, yo lo que sé de mí; confiese también lo que de mí ignoro; porque lo que sé de mí lo sé porque tú me iluminas, y lo que de mí ignoro no lo sabré hasta tanto que mis tinieblas se conviertan en mediodía ante tu presencia.

San Agustín

Fuente Corazones.org
19:15 | Autor Iglesia Hogar

Decimos a veces de las personas, que tiene buena o mala "sombra", no porque su paso junto a nosotros nos proporcione un bien o un mal, sino que nos referimos a un trasfondo que se respira en su actuar.

Si esta manera de hablar la aplicamos a María, tenemos que decir que tiene buena sombra, pues su manera de actuar está siempre guiada por la voluntad de Dios, su vida es un continuo “hágase tu voluntad”, a sí vemos cómo los resultados han sido siempre muy beneficiosos, pues, Ella es la corredentora, la Madre de la divina gracia.

Los que estaban alrededor de María, siempre encontraban en Ella su amor traducido a versiones distintas según las circunstancias: En ayuda servicial a Isabel, en salida airosa para los novios de Caná, en ejemplo a imitar al escuchar y practicar la Palabra de Dios, en entereza al afrontar el sufrimiento camino del Calvario, en aglutinante para los miembros de la primera comunidad apostólica.

La sombra benefactora de María sigue actuando sobre nosotros, su condición de Medianera de todas las gracias hace que su acción consoladora llegue a todos y cada uno, pues, une en perfecta armonía su maternidad de los hombres y de Dios, debido a esta última tiene vara alta para conseguir todo lo que necesitamos sus hijos pecadores.

A su sombra el caminar fatigoso se hace más llevadero, el hastío de la rutina se suaviza, el hielo de la tibieza se derrite, la cuesta de la tentación la conseguimos alcanzar sin haber tropezado ni caído.

Acogidos bajo el amparo maternal de Nuestra Señora nuestro caminar es firme y seguro. Nadie ha acudido a Ella que quede defraudado, cada uno tenemos nuestra experiencia para confirmarlo.

Siempre que vayamos junto a Ella en nuestro cotidiano caminar nos sabemos seguros y tranquilos, pues, estamos protegidos por la sombra de María, quien siempre la tiene buena, pues, como Madre que es, se guía por el amor.

Padre Tomás Rodríguez Carbajo